Esta investigación analiza cómo los sistemas de inteligencia artificial pueden reproducir y profundizar desigualdades sociales preexistentes, con especial atención a sus efectos sobre las personas con discapacidad.
El trabajo examina la discriminación algorítmica desde un enfoque interseccional y muestra cómo factores como el género, la raza, la clase, la edad o el lugar de origen pueden agravar las barreras. Asimismo, plantea la necesidad de incorporar marcos feministas, decoloniales y de derechos humanos, así como la participación activa de los colectivos afectados durante el diseño y la evaluación de los sistemas de IA.
El artículo fue publicado en UNIVERSITAS. Revista de Filosofía, Derecho y Política, n.º 48 (2026), pp. 98–120.